Mi primer paso: perdonar desde el alma
Mi libertad fue salir de la jaula dar el paso y hacer el acto de amor más grande que he hecho hasta ahora: soltar a quien más daño me había hecho.
Soltar, pero desde el corazón, soltar con cada una de las células de mi cuerpo, soltar para yo ser libre de ese dolor.
Cuando abrí la puerta de la “jaula” vi un mundo distinto, recorrí el mundo buscando mi lugar, me sentaba en las plazas de los países que visitaba y observaba a su gente, escuchaba sus idiomas, me encantaba con sus outfits, con sus formas de vivir.
La verdad es que amo viajar… es una de mis pasiones, pero no fui libre hasta que me rendí ante mi ego.
El hallazgo: la libertad en lo cotidiano
Sentada en la plaza de mi amada comuna San Esteban; le confesé:
“Te amo, este es mi lugar. Aquí está todo lo que mi alma necesita para estar en paz.”
Fue ese día que respiré profundo y me pregunté: ¿y ahora qué hago con esta libertad? Entonces entendí que fue Dios quien se encargó de hacer todo perfecto, movió cada pieza del rompecabezas…
Y comencé a vivir en libertad
Desde ese día me siento fuerte, firme y en paz. Porque la libertad no es salir corriendo, es vivir en coherencia con nuestra alma, es vivir en confianza ciega, en fe, porque ya todo está escrito por la magia divina del Dios creador.
Hacer de la libertad una forma de vida es mi mayor triunfo. Ser libre es mi forma de hacer justicia, de decir: ¡Hecho está!
Reflexión final: Abre la puerta de tu propia jaula
Deseo que hoy muchos estén sintiendo la libertad de vivir como quieren, con lo que les hace felices, con esa paz de que lo más importante es estar alineados a nuestro propio plan.
Y si aún te estás sintiendo en la “Jaula”, tranquil@, aun estas a tiempo de abrir la puerta, salir y comenzar a caminar en LIBERTAD!




